Esta consulta la hacen mucho las familias que asisten a la clínica. Primero que todo se les recuerda a los padres y madres que las peleas entre hermanos son absolutamente normales. No es solo un asunto de convivencia, que de por sí es difícil entre todos los seres humanos, sino que puede ser causado por el deseo de atención por parte de los padres, por celos entre ellos, por diferencias que no han podido resolver de otra manera o simplemente porque aún están aprendiendo a negociar. Identificar la causa siempre es importante y por supuesto tomar en cuenta el factor de la edad/maduración de cada niño. Se recomienda tener particular cuidado si las discusiones siempre terminan dando la razón al hijo menor pues es el más pequeño. Esto puede ser contraproducente desde muchos ángulos.
Si la familia es incapaz de encontrar el origen de las discusiones, un profesional podría brindar un poco de apoyo y guía. Entre las causas más comunes observadas en la consulta son: el deseo de atención, los celos y la falta de habilidades para negociar.
Deseo de atención
Si los niños intensifican las peleas cuando están con los padres o incluso cuando están con al menos uno de ellos, es posible que estén buscando llamar la atención. Muchos padres nos comentan que cuando los dejan al cuidado de alguien más nunca hay discusiones, pero cuando están con ellos, aquello se vuelve una batalla constante. Por qué ocurre esto? porque es muy común que los adultos respondan inmediatamente ante las discusiones entre niños. Esto significa que en el cerebro de ellos, una forma muy efectiva para que mamá o papá dejen lo que están haciendo y vengan a verlos es discutir o pelear con el hermano. Debemos recordar que desde el punto de vista del niño, la atención mientras me regañan es mucho mejor que sentirse ignorado. Lastimosamente cuando los niños juegan juntos y tranquilos, tendemos a desviar nuestra atención a otro lugar. Y nuevamente en el cerebro inmaduro de ellos, esto significa que cuando están interactuando de forma tranquila, pierden la atención de los padres. Formas interesantes de evaluar esto sería observar si ellos tienden a pelear más cuando están lejos de los padres y qué ocurre cuando están jugando todos en familia. Si las batallas disminuyen cuando tienen la atención de los padres, esta puede ser una de las causas de los conflictos. Sugerencia: brindarles atención cuando están jugando tranquilos y evitar atender la discusión en el minuto que inicia. Muchas veces es mejor dejar que ellos traten de resolverlo antes de intervenir. Claro, en el momento que haya riesgo para alguno de los niños es conveniente intervenir. Pero si están discutiendo solo de palabra, pues es un buen momento para practicar negociación, aún y cuando uno de los dos (o ambos) terminan molestos.
Celos
Los celos es un tema delicado que muchas veces requiere apoyo de un profesional. Sin embargo también debemos entender que es absolutamente normal sentir celos entre hermanos. Incluso es importante que los niños aprendan a poner un nombre a esa emoción y por supuesto enseñarlos a canalizarla apropiadamente, por ejemplo expresarlo verbalmente en el momento en vez de iniciar una batalla solo porque uno de los padres está dedicando tiempo al otro hermano. Esto obviamente depende de la edad, pero de cierta manera siempre es posible explicar de manera simple la razón. Sugerencia: muchos psicólogos y expertos recomiendan pasar tiempo de calidad con los hijos por separado. Las actividades en familia son importantes, pero también lo es el tiempo que pasa cada progenitor con su hijo o hija, preferiblemente en una actividad que ambos disfruten. Esto no tiene que ser todos los días ni tampoco por periodos muy prolongados. Pero si es muy recomendado tener un espacio a la semana destinado para que cada progenitor por separado tenga una espacio para cada hijo. Requiere planeación y por supuesto que hay semanas donde se debe hacer la excepción, pero en general los hermanos que tienen mejores recuerdos de su niñez siempre expresan que tenían pequeños ratitos donde papá o mamá era "solo para ellos".
Aprendizaje de negociación
El arte y la habilidad para negociar no es innata. Se debe practicar desde edades tempranas y ojalá tener episodios frecuentes donde debo expresar lo que quiero, escuchar a la otra parte y de alguna manera encontrar un punto medio donde ambos salgan ganando. Evidentemente dos bebés de un año no pueden hacer esto, pero dos niños de 6 y 8 años si lo pueden lograr. Este proceso pueden hacerlo los niños con un poco de guía de los padres. Pero al igual como se ha mencionado antes, no debemos resolver todo el conflicto. Nada más brindar una guía y permitirles a ellos encontrar su propia solución. Hacemos la aclaración que a veces las soluciones fuerzan a uno de los niños a sacrificar más que el otro. Eso pasa en las negociaciones en la vida real, solo que debemos cuidar que no sea siempre el mismo niño el que debe ceder sus deseos (por ejemplo el mayor). Sugerencia: no intervenga inmediatamente, observe la negociación, guíelos con preguntas, espere a que ellos traten de resolver. Si uno de los dos termina molesto, es importante explicarle que la emoción es normal, pero que hay que aprender a canalizarla sin ofender, sin violencia y sin amenazas. En consulta siempre hacemos la misma pregunta a los padres, cómo creen que se resolvía eso antes? cuando habían 7 hermanos y 14 primos en la misma casa? los padres no tenían tiempo para resolver cada pequeño conflicto.
Obviamente pueden haber otras causas y como se mencionó anteriormente es altamente probable que en ciertos casos sea necesaria la evaluación y tratamiento por parte de un profesional. Sin embargo, hacemos acá la aclaración que este tipo de intervenciones no involucran solo al niño, sino a toda la familia.

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