martes, 13 de enero de 2026

Cómo protejo la identidad de un niño(a)?

Todos los seres humanos tenemos diferentes características que están muy arraigadas en nuestra personalidad. Algunas personas dicen que son "ordenadas", "impacientes", "feas", "inteligentes", "buenas en matemáticas", etc. De donde proviene eso? Pues curiosamente muchas de ellas provienen de nuestros primeros años de vida. Psicólogos e investigadores han mencionado muchas veces que lo que decimos a nuestros hijos se convierte en su voz interna cuando están más grandes.

Entonces la pregunta es: Qué quiero que mi hijo o hija se diga a sí mismo cuando está grande? Qué es una persona amable? paciente? empático? inteligente? resiliente?

Está en nuestras manos instalar esos pensamientos desde muy pequeño. Existen casos de niños que desde pequeños les dicen que son genios y crecen pensando que tienen altas capacidades cognitivas. Pero también el caso contrario, un niño que constantemente le dicen que es inquieto y "malcriado" se repetirá eso por muchos años más. 

En la consulta a veces le decimos a los padres y madres que intenten estrategias algo extrañas. Una vez tuvimos a un niño de 11 años con déficit atencional, disruptivo en clases y complicado de manejar en casa tanto para la mamá como para el papá. En las sesiones de integración sensorial incluso dijo una vez que él era "feo" y un "mal hijo". Se le recomendó a los padres a partir de ese día cambiar un poco el vocabulario, centrarse en las cosas buenas y probar si podíamos cambiar la identidad del niño. Los padres empezaron a usar frases como "ud es un niño paciente, no tienes por qué decir esas cosas cuando debes esperar", o "ud es un excelente hijo, no entiendo por qué me gritas". Mejor aún, "ud es un excelente estudiante, no entiendo por qué no quieres hacer la tarea".

Suena a extraño y suena a mentira. Pero en el fondo todos podemos esperar (al menos un minuto), todos intentamos ser buenos hijos de vez en cuando, todos somos buenos estudiantes en algunas materias. Entonces el truco es concentrarse en eso y decirlo al niño aun y cuando en las primeras veces ni él mismo no crea. Con suficientes repeticiones, él se dirá a si mismo "soy paciente, debo esperar", "soy buen hijo, no debo gritar" o "soy buen estudiante, debo hacer la tarea". El detalle es que mientras más edad tienen, más veces hay que repetir eso.

El libro de Hábitos Atómicos de James Clear hace mención a esto y nos explica que con los hábitos adecuados cualquier persona puede cambiar su propia identidad y pasar incluso de "soy una persona sedentaria que no le gusta el ejercicio" a "soy una persona activa, hoy debo hacer ejercicio". Y sí se puede y es aún más probable en un cerebro en desarrollo. Entonces, hagamos eso con nuestros niños y veremos resultados eventualmente.

Pero no es magia, no es tampoco simplemente decirle las cosas y dejar que el niño siga jugando PlayStation y no haga la tarea. Es reforzar la identidad y ayudar a crear el hábito, para que luego de varias semanas, meses o años se lo crea. Requiere paciencia, sí. Pero todo lo que hacemos con los niños lo requiere. Mi padre solía decir que las decisiones que tomamos con nuestros hijos ven los resultados a 20 años plazo. Eso es paciencia! así que a practicarla también.

Luego de enterarme de esto de las identidades no pude evitar evaluar las identidades que instalé en mis hijas. Como todo proceso, algunas son buenas otras no tanto. Tengo una que es extrovertida, graciosa y toda la vida le dijeron que era excelente con niños. Terminó siendo la mejor terapeuta pediátrico del país y una excelente madre. A la otra le decían que era inteligente y responsable, terminó siendo una médico brillante. Claro en medio de eso también hay identidades que tal vez tendremos que cambiar a futuro (somos una familia que nos cuesta el deporte a veces), pero sin duda, hay donde empezar.

Nunca permitas que otro adulto le instale algo negativo en la identidad de su hijo. La docente que le dice al niño que es inquieto y disruptivo podría estar provocando un daño a largo plazo. El entrenador que le dice a un atleta torpe o indisciplinado podría estar instalando una inseguiridad. Mucho cuidado con la gente que le dice a tu hijo "cobarde", "llorón" o "dramática". 

Piensa en las identidades que quieres instalar en tus hijos y no dudes en decirlas frente a ellos. Vas a ver como en 20 años una parte de su personalidad verá esa influencia positiva. 

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